Convertir la palabra en la materia
donde lo que quisiéramos decir no pueda
penetrar más allá
de lo que la materia nos diría
si a ella, como un vientre,
delicado aplicásemos,
desnudo, blanco vientre,
delicado el oído para oír
el mar, el indistinto
rumor del mar, que más allá de ti,
el no nombrado amor, te engendra siempre.
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo. Pero los poetas escriben poemas, sin embargo, sobre estas experiencias materiales. Poemas que casi como que se borran a sí mismos.
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esto es una verdadera musaraña.
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