Lucía
No me interesa Lucía Etxebarría. No me interesa realmente esa mujer que sale en la tele o en la radio o en la prensa, a veces como tertuliana, o entrevistada o columnista. No me interesa como escritora.
Voy a intentar explicarme, antes de que vengan los que no saben leerme o los que no entienden lo que yo, tal vez, no sé explicar como debiera.
He leído muchos de sus libros, no todos. Recuerdo que me gustaron, incluso he regalado más de una vez algún libro suyo, pero no recuerdo mucho más.
No me interesan sus murciélagos, memeces ciertas o no que dicen de ella, como si importaran algo. Me dan igual sus enemigos y los argumentos de sus enemigos.
No soy una fan. No me interesa ella. Y cuando digo ella no me refiero a ella.Ya le dije una vez que estoy mayor para clubes de fans.

A ver si me explico un poco. No sé si habéis leído “Todos los nombres”, de José Saramago. Trata de un hombre que trabaja en el registro civil. Todo el día ordenando fichas con superficiales y concretos datos de la gente. Pero en el fondo cree tener la vida misma de esa gente, porque tiene todos los nombres. Coleccionista de fichas y recortes de prensa de personas famosas en secreto. Un día, por casualidad, se fija en una mujer anónima con nombre, y entonces su vida anodina de funcionario gris comienza a girar en torno a una desconocida sin importancia y su vida se vuelve una aventura con sentido: encontrar a esa mujer. No os cuento el resto porque no me gusta destripar historias.
Lo menciono porque en realidad a mí lo que me llama la atención es esa Lucía que nadie conoce: la irrelevante, la que mira con ojos de niña, la que disimula sus nervios, la que lucha contra sí misma, la desconocida, la que intenta evadirse del mundo necio que no soporta, la ingenua, la imperfecta, la contradictoria, la que está en la parra, la que quiso ser madre y lo fue, y lo es, la que no escribe casi nunca, sólo intenta comprender el mundo incomprensible, la silenciosa, la que duda, la que sigue sufriendo lo justo e imprescindible... o lo injusto que se nos escapa o nos hace desangrarnos lenta e irremediablemente.
Prefiero esa foto desenfocada con Felipe en un diciembre que será frio y tendrá inevitablemente luces de navidad, que las fotos perfectas de solapa de libro o de cabecera de blog. Ahí te encuentro más aunque no busque, aunque aparentemente no tengamos mucho que ver tú y yo.
Ella se muestra como la voz, como el reclamo, como el bálsamo... lo que haga falta, es generosa –demasiado- en su egoismo, (porque el mundo no es de todos, y casi nunca del que sufre), pero me mira con esos ojos tan oscuros -que lo observan todo- y que se hacen tantas preguntas que me da la sensación por un momento de que preferiría no ser nadie... y un momento después serlo todo, triunfadora dándole dos ostias al mundo que le tocó vivir. Y yo, no sé por qué, la prefiero siendo nadie.
Y después abro el libro con su nombre y leo: Yo no soy nadie, no quiero ser nadie...
Y ya en casa, leo unos versos suyos y descubro a muchas mujeres, a muchos nadies, a mí misma, en ella:
Lo mejor de mí lo escondí en un recoveco,
tan profundo que olvidaste su existencia,
No se ve a primera vista,
a segunda ni a tercera.
No se aprecia en una cena,
no se lee en lo que escribo,
no se explica en una página.
Lo mejor de mí se descubre en las ganas tercas de seguir adelante,
en el esfuerzo diario por seguirte los pasos,
Son los cuatro millones de alfileres
guardados en el fondo del bolsillo.
Pero no necesité leer esto para saberlo. No quería realmente un libro dedicado. No quería decirte gran cosa. Sólo te dije, en voz baja, que me gustaban el equilibrio y los milagros. Me escribiste algo, pero creo que te reconozco más en tus silencios, en tus ausencias, en tu no-estar en mis espacios. Porque así es como, en ocasiones, apareces entre líneas y te entiendo.
Algún que otro milagro creo que conoces, y espero que el equilibrio no te olvide demasiado.
Todos somos nadie, hasta los famosos, que a veces sufren, y a veces se jactan, por creerse alguien o creerlos alguien. Sencillamente me cae bien esa Lucía del mundo, pero sé que en el fondo no es nadie, y eso me interesa más porque la hace más, por eso ahora leo sus poemas regalados en “Estación de infierno” y me veo a veces, y la veo a ella, no a la otra.
Una sonrisa en silencio puede mover el mundo y la gente no hace más que hablar. Tú lo sabes, que conociste infiernos.
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Precioso
françois buren — 05-06-2006 10:33:54
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Gracias françois, aunque no lo pretendía. Una sonrisa basta.
suiG a françois — 05-06-2006 10:46:02
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Como bien dices, una sonrisa en silencio puede mover el mundo. Leerte hoy, ha sido para llorar de gusto.
Maravilloso.Guiomar Fernández — 05-06-2006 10:47:28
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No creas, lo maravilloso realmente es, en nuestra soledad, encontrar fugazmente a los otros. Y todos estamos solos... Ese es el milagro.
suiG a Guiomar — 05-06-2006 10:49:58
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Si una sonrisa basta que sepas que a mí me has hecho sonreir y emocionarme,ha sido un placer leerte.Gracias
Laura — 05-06-2006 13:07:15
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No, dale las gracias a ella, yo sólo tecleé.
suiG a Laura — 05-06-2006 13:09:34
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veo que me voy aficionando a tu blog!
me ha gustado el comentario, yo creo que la gente famosa veces parece que pierde su vida privada, su personalidad, la gente se cree que los conoce sólo con leerlos o verlos hablar, y eso no es cierto, eso no es conocer a una persona.
A mí también me gustan sus libros, pero no he leído los de poesía, tendré que hacerlo.estrella fugaz — 05-06-2006 15:02:59
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Bueno, estrella, creo que mi post iba un poco bastante más allá de esa interpretación tuya, pero bueno, cada cual puede verlo como quiera. Para mí, es como intentar explicar un poema...
suiG — 06-06-2006 00:46:12
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Impresionante, lo he leido mas de tres veces.
brisuon çafren — 07-06-2006 21:03:36














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