Coia y Marielen (o la salsa y el salero)
Mis amigas Coia y Marielen son las dos personitas encantadoras con las que hemos disfrutado estas vacaciones. Y además son pareja. Son la salsa y el salero. Coia, la salsa, da gusto en todas las fiestas, en todos los encuentros, en todas las recetas. Marielen, el salero, da el toque sabroso, en su punto, a todos esos guisos. Una, evidente aderezo y la otra, sutil condimento imprescindible, entre los suculentos manjares que son los momentos que nos regalan.
La salsa dulce, la salsa sabrosa, la salsa en su punto, la salsa adecuada para verduras, flores, palabras, paisajes, estrellas o carnes a la brasa. La Coieta. No he conocido una persona tan enamorada de la vida, tan generosa, tan dispuesta, tan expresiva, tan, tan, tan… Aparece y ya suena la música, ya se te hace la boca agua.
La salpimentada Marielen: la genial mezcla de puntazos filipinos (otro tema es el casting de asistentas filipinas), inteligencia en los ojillos, observación atenta, timidez comedida, conducción tan alegre como inquietante y calidez entrañable. Aparece y te dan ganas de estrujarla en un abrazo, de ofrecerle una sonrisa.
La mistura perfecta. Aparecen y ya percibes el flaire que derrochan. Y aún diría más, pero resultaría exagerada.
Marielen es lo que necesita Coia. Coia es lo que necesita Marielen. Y ambas es lo que necesitamos todos, lo que necesita el mundo. Si no existieran habría que inventarlas.
Y yo, como siempre, me apunto al guiso. El caso es comer, y qué es la vida sino un plato listo para comer. Del comensal, el cocinero y los ingredientes dependen que la degustación sea apetitosa, nutritiva, exquisita, inolvidable, deliciosa… Y ellas hacen de la amistad un menú para chuparse los dedos.
Lo próximo: una calçotada.
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Creo q después de leerte he entendido esa frase corriente q solemos escuchar y decir con tanta ligereza: "sin comentarios, me he quedado sin palabras" Lo han leido mis ojos y los he sentido humedecer, mi piel se ha estremecido y el corazón encharcado en alegria, en gratitud, en complicidad.
Salsa y salero? ME GUSTA! Me gusta, me gusta, me gusta mucho!
Estaba pensando en vosotras... abeja y miel?
Bea: generosa. Las abejas no trabajan solo para ellas, si no para la colmena. Tu tampoco... a la vista está! Abeja,reina; si señor! pariendo enlaces, ideas, sueños, proyectos, palabras, notas q nos ayuden a volar; a seguir recorriendo flores, colores, texturas, firmamentos. A seguir soñando en lugares, dibujando trazos posibles de cera abrigando luz.
Laura: dulce, sabrosa, curativa, fluida o cristalina adecuandose al momento. Mas o menos transparente, según la flor, el néctar. En ocasiones vinomiel, en otras acompañando un templado vaso de leche para suavizar el catarro o apresurar el sueño. Pero miel, siempre. Entrañable esencia de MIEL.
¡Cuanto os quiero!coia — 16-08-2005 23:03:33
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Bueno, bueno, bueno... no sé qué pensar. Que yo sea un insecto con aguijón y mi chica (yo, diabética) sea glucosa pura tiene su aquel... pero vale, lo aceptamos por ser tú. Jeje.
Según leo el post se me ocurren más cositas con esa idea de la salsa y el salero, pero, como siempre, "planto" mis escritos sin darles vueltas y vueltas, así que añadiré aquí unos cuantos "parches".
Esa idea de la salsa derramándose, bañando el manjar, sin medida, generosamente sobre las tajadas de carne, las verduras -recién traídas del mercado-, deslumbrando en aroma y color, se me antoja apetitosamente Coia, la seductora -en su sentido más amplio. La anfitriona, la que da nombre al guiso con su salsa.
El salero es indispensable en la cocina. Ese frasquito de cristal, que da la sabrosura a su antojo, según le apetezca. Y, si quiere, da al manjar su punto exacto de sabor, así, como sin darte cuenta, sin grandilocuencias, disolviéndose en el plato. Marielen, la discreta, dando el punto justo para saborear con los ojos cerrados... o aclarados con un buen vino.
Ay, me está entrando hambre...suigeneris — 17-08-2005 10:20:58














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