Una pareja corriente
Yo soy lesbiana. Tengo 36 años y no recuerdo haber sido de otra forma en mi vida. Me ha costado como a cualquiera encontrar una pareja. Hace casi cuatro años que vivo con ella. Nos queremos. Tenemos trabajos corrientes como cualquiera, nos vamos de vacaciones, salimos a cenar, tenemos amigos de todo tipo, nos relacionamos con los vecinos, con los cuñados, con los suegros… como cualquiera. Nuestra forma de vida es tan sencilla y cotidiana como la de cualquiera. Y, como digo, nos queremos. Vivimos juntas porque queremos tener un proyecto de vida común, y tenemos nuestros avatares en el trabajo o en el problema de la vivienda, como cualquier otra pareja. No sé si alguna vez nos decidiremos a tener un hijo, eso es una responsabilidad muy grande y compleja, como puede pensar cualquier pareja.
Somos una pareja corriente.
Cuando escucho o leo algunos comentarios me duele pensar que haya gente que piense que nuestros sentimientos son de segunda, que eso no es amor, que no nos queremos como cualquier pareja de la gran mayoría. Que yo no tengo derecho a visitar o cuidar a mi pareja si se pone enferma, por ejemplo. Y quien piensa eso, compara mis sentimientos con los que pueda sentir por mi perro, mi hermana o mi abuelo, que no tienen mucho que ver pero que también pueden ser igualmente importantes.
En mi vida, en mi forma de llevarla, en las cosas que hago, no me condiciona más el hecho de ser lesbiana que otras características de mi persona: no me influye en ser mejor o peor persona, ni en desarrollar mejor o peor mi trabajo o en mis relaciones con mi familia, mis amigos, la familia de mi pareja… Mi padre es un trabajador jubilado, mi madre una ama de casa, mi hermano un informático y mi hermana una psicóloga, todos ellos heterosexuales con los que me he criado y que me aportan mucho en la vida. Mi sexualidad sólo es algo que nos importa a mi pareja y a mí, y no influye, como digo, en ningún otro aspecto de mi vida, como creen otros que deben pensar a todas horas con otra cosa distinta que la cabeza. Y parece que a ellos sí les condiciona esta característica de mi persona a la hora de relacionarse conmigo o tratarme.
En la población mundial la mayoría son heterosexuales, y un pequeño, aunque numeroso, porcentaje, es homosexual. Igual que existe un pequeño porcentaje de pelirrojos entre la gran mayoría de morenos. Y eso no es de ayer, ni de hoy, es de siempre. Y en la naturaleza se dan todos los comportamientos que uno pueda imaginar respecto a la sexualidad o la organización de las especies en su medio. Hace tiempo que la sexualidad humana dejó de ser únicamente un asunto reproductivo para ser algo, entre otras cosas, lúdico, espiritual, de comunicación… como también han mostrado en parte los simios superiores. Hace tiempo que el homo sapiens no está sometido a los ciclos hormonales y los estros, como los animales, para únicamente reproducirse al practicar sexo.
Entre los heterosexuales hay tantos comportamientos distintos, tipos de vida y formas de pensar como pueda haberlos entre los homosexuales. En mi forma de vivir puedo parecerme tanto a otro homosexual como a un heterosexual, incluso a veces, más a los segundos, si es que quisiéramos pensar en estereotipos infundados en cuanto a la forma de vivir. Y yo no quiero ser un hombre, como muchos creen que queremos ser las lesbianas. Mi pareja y yo no llevamos un cartel; se diría que “no se nos nota nada”, pero, en el caso de que fuéramos, como se suele llamar, “camioneras”, eso no sería más que una cuestión estética, que puede desagradar más o menos, como a mí me desagradan las mujeres calvas, los hombres con camisa hawaiana o las sandalias con calcetines. Todos tenemos nuestros gustos y nuestros "pequeños prejuicios", pero no hago de una cuestión de gustos una cuestión moral.
En cuanto a los hijos… El derecho de un niño es a ser querido, ser alimentado, darle la opción de desarrollarse como persona, darle un entorno en el que, en definitiva, pueda ser feliz. En este caso, no se trata de tener dos madres o dos padres, como si, hoy en día, fuera diferente ser padre de ser madre. Creo que tanto el padre como la madre tienen los mismos deberes y derechos para con sus hijos. Hace tiempo que un padre puede cambiar los pañales a su hijo, ser tierno con él o disfrutar de días por paternidad en el trabajo y una madre puede ser quien mantiene el hogar. Si se está luchando por equiparar en estos aspectos y otros a la mujer con el hombre, no entiendo la diferencia entre un padre y una madre ni que tenga nada que ver lo que hagan en la cama con la crianza de sus hijos. Los hombres seguirán siendo hombres y las mujeres mujeres, y a la mayoría de los hombres les seguirán atrayendo las mujeres y viceversa. Y habrá mejores y peores padres, sean homosexuales o heterosexuales…Y parejas que se rompan, y cónyuges infieles, y familias con problemas… y parejas que se hagan mayores queriéndose mucho, hijos estupendos… entre los homosexuales y los heterosexuales… como parejas corrientes, como familias corrientes.
¿Por qué es tan difícil entender algo tan sencillo?
Comentario colgado en Por la boca muere el pez
¿Alguien referenció esta musaraña?
URL para referenciasTambién en las musarañas...
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Al hilo de esto, interesante artículo de Joaquim en su blog:
http://joaquim.diariogratis.com/mondo_cane/2005/06...suigeneris — 21-06-2005 12:07:54
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Por favor, otra vez que vayas a usar expresiones como "sandalias con calcetines", te ruego que lo avises, o pongas una X, unos rombos o algo. Si te cogen desprevenido pueden ser fatales.
Oz espantado — 22-06-2005 14:41:59
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Je je... adivina qué llevo en los pies... pero por Internet "no se me nota nada"!
José Angel — 23-06-2005 12:41:10
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Se equivoca: sí que se le nota a usted, y mucho.
Luis — 24-06-2005 12:38:27
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Pues sí, y eso SÓLO denota que en cuestiones de vestir tiene dudoso gusto.
suigeneris — 24-06-2005 13:05:05
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Vale, ya me las he quitado...
José Angel — 24-06-2005 23:23:23
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Cómo!! Se ha curado?
Todo el mundo sabe que lo natural es ir descalzo. Vale, hemos tolerado las chanclas playeras, pero esto es demasiado, es antinatural. Y encima quieren lucir tatuajes en los tobillos, así, tapaditos con los calcetines. No, no, a esto no se le puede llamar "caminar", se degrada el sagrado vínculo de la piel con la tierra. Es una inmoralidad. Y luego querrán que aceptemos los zapatos de rejilla, qué desfachatez, dios mío, dónde vamos a ir a parar.suigeneris — 25-06-2005 00:31:06
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(glups. ¿tampoco zapatos de rejilla...?)
José Angel — 25-06-2005 16:13:47
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Nosotras también.
athenealago — 23-09-2005 06:15:40














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